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Cuernos de ciervo

Te observo con el silencio
de un cielo despejado
de nubes, rayos y egos.

Advierto que intuis que estoy adentro,
y eso que mi reflejo no lo proyecta ningún espejo.

Soy tu otro yo,
la porción más inquieta de tu ser,
la rodaja más dulce y esponjosa
de la torta
que te constituye.

Abandona tus ideas,
suelta cada pensamiento,
el aire nunca fue tan denso.

Libera la rigidez que te mantiene cuerdo,
sabes bien que te sostengo cuando estas durmiendo.

Volvamos al bosque,
adentro del lago no se advierte el calor del incendio.
Acaricia la superficie liviana del agua,
y conviértete nuevamente en rey
con tus imponentes cuernos de ciervo.

Si nos organizamos
el humano sucumbirá
y de las cenizas de su imperio
renacerá el espíritu comunitario de nuestros ancestros.

Cuadro del interior del Castillo de Piria - Piriápolis - Uruguay



Legalmente libre


Legalmente libre
“Quédense tranquilos hermanas y hermanos, que la locura es mía. Nada ni nadie me la provoca”
Discurso del Papa Pío XI,
mientras apagaba contra la suela de la sandalia una contundente tuca



   En Julio del año 2017 unos cuantos miles de uruguayos y uruguayas saltaron y se quedaron unos buenos segundos suspendidos en el aire chochos de la alegría. Se repartieron cachetazos amistosos de felicidad y más de uno descorcho una sidra de la incontenible emoción que les produjo recibir la noticia. Estaban festejando otro triunfo de lo que se considera un avance en cuanto a leyes liberales por parte del gobierno nacional. Uruguay, de tres millones y medio de habitantes, se convirtió en aquel momento en la primera nación del mundo en legalizar la venta de marihuana en toda su extensión territorial. Un hecho único e histórico frente a la gran patraña de prohibir el consumo de una planta inofensiva. Esto se consiguió superando aún las leyes permisivas de Estados Unidos donde algunos Estados han obedecido al mismo lema, pero no a nivel federal.
    Prenderse uno en la esquina, y comprarse otro en la farmacia, ya son dos actividades netamente legales y de esa manera se evita que miles de jóvenes paguen con multas o con su tiempo detrás de las rejas por quemar e inhalar el humo de una planta que relaja y abre la mente (en ciertos casos). Aunque toca aclarar que aquello que legalizaron fue el uso de la marihuana para uso recreativo y no medicinal.
    Con esta ley se busca socavar el mega negocio clandestino que produce el narcotráfico hasta el último eslabón de su cadena de distribución. Éste último eslabón, el pequeño transa, generalmente era el históricamente perseguido por la ley quedando los peces gordos libres, con sus secretas cuentas millonarias en bancos de paraísos fiscales o bien lavadito detrás de alguna fachada comercial. Ahora comprar marihuana ya no requiere una incursión peligrosa, insegura en cuanto a la calidad del producto y a veces trunca a la villa, sino que se puede adquirir libremente en las farmacias adheridas al registro nacional.
   Hablar de bancos hoy en día en Uruguay es hablar de una inesperada traba en cuanto a la telaraña que teje esta nueva ley, ya que estos se retoban ante las farmacéuticas registradas (que representan un porcentaje ínfimo aún) a guardarles el dinero en sus depósitos, debido a que no quieren quedar asociados con los ingresos que se producen con la venta de una planta que es de consumo ilegal en el resto del mundo.  Otro hecho absurdo, sobre todo cuando uno analiza casos escandalosos como por ejemplo el de Sani Abasha, el corrupto dictador de Nigeria que tras fallecer pasado de viagra en una orgía con prostitutas hindúes, descubren en las 38 valijas que su esposa cargaba en el aeropuerto para emprender un supuesto viaje espiritual, unos cuantos millones de dólares. Y de esa forma iniciaría una sospechada investigación acerca del dinero que este hombre había robado a su pueblo durante sus cinco años de mandato. La suntuosa cifra rondaría en los 4 mil millones de dólares, producidos entre otras cosas por sobornos recibidos tras adjudicar contratos a empresas extranjeras y por sobrefacturación de equipos petroleros. Continuando con la investigación, el Citibank, más media docena de bancos británicos y suizos, eran quienes guardaban su fortuna sin preguntar demasiados detalles sobre su procedencia. Y este es tan sólo el nombre de una lista de gente con cuentas invisibles en el extranjero fabricadas con tesoros amasados a través de la corrupción, pero claro, de eso las sedes de los bancos del Uruguay no hablan.
   
    Uruguay es considerado gracias a esta clase de reformas, como un país a la vanguardia de políticas progresistas a nivel mundial. A comienzos del siglo pasado ya habían aprobado una ley de divorcio que le permite a las mujeres separarse de sus parejas pidiendo únicamente un permiso en un juzgado, sin tanta burocracia y dinero de por medio. Otras leyes son las del aborto libre y gratuito, aprobado en 2012, y la del matrimonio igualitario.  
    De esta forma, el país avanza hacia un sendero al cuál la Iglesia en otros países donde tiene mayor participación, se abstiene históricamente a transitar, debido a su obediencia a las leyes morales decretadas hace más de dos mil años en Medio Oriente. Bien se sabe que su poder lo han obtenido dejando de lado durante siglos otras leyes por conveniencia institucional. Además del atraso producido apoyando ideológicamente a Estados que persiguieron, amenazaron y asesinaron a científicos, artistas, políticos, militantes, libre pensadores y tantos otras y otros; consensuar guerras, entablar amistad con dictadores,  y una interminable lista de actividades que harían llorar a Cristo de rodillas ya que firman siempre con su inmaculado nombre.
    Debido a que en Uruguay se ha marginado el poder de la Iglesia al del Estado, no se festeja Semana santa, sino la Semana de turismo, y a la navidad le dan el nombre de Día familiar.
   
    10 gramos semanales es la dosis que cada ciudadano registrado en un padrón, puede obtener en su compra a una farmacia también registrada, y seis plantas son las que el Estado permite cultivar a cada individuo. A partir de julio del 2017 cada ciudadano puede elegir qué hacer con tal derecho.
    Ya es hora de eliminar el viejo mito de que el cannabis es la puerta de entrada a otras drogas, ya que experimentar es una libertad que debemos poseer todos y no una prohibición discriminada por el consenso de unos ancianos de alma que inventan falsas hipótesis para quedarse con una parte de la tajada. La marihuana es una planta, la cocaína es el resultado de un proceso brutalmente químico de otra, y la yerba mate proviene de la hoja de un árbol. Y a no meter todo en la misma bolsa, que si no se confunden aquellos que jamás probaron de que se trata cada una y se dejan persuadir por las mentiras de los mismos que dejan pasar toneladas al país donde aún es prohibido consumir o cultivar algunas de ellas.

    “Empiezan tomando mate, luego fuman marihuana y finalizan muertos en vida siendo adictos a la cocaína”. Por las barbas del rey Salomón, Gepetto no creas todo lo que dice Pinocho sin antes observar cómo le crece la nariz.


El león sin melena

Entre toda la magia que se desprende del territorio uruguayo en cuanto a lo social, hay sin lugar a dudas una persona que dejo imborrables huellas en su país y también en Argentina, y que aún hoy, a casi noventa años de su muerte continúan siendo un misterio. Porque Fernando Juan Santiago Francisco María Piria de Grossi, además de tener una interminable cantidad de nombres imposibles de recordar, fue el precursor y fundador de la única ciudad del mundo perteneciente a un particular, y tanto en ella como en cada sitio donde habitó han quedado impermeables al paso del tiempo, variados símbolos de la alquimia y el misticismo esotérico. 
  
Piriapolis


  Para comenzar Francisco, como lo deberían de llamar sus vecinos, nació en Montevideo, Uruguay en 1847. A la temprana edad de cinco años quedo huérfano de padre, entonces para  conciliar la pérdida y recibir una buena educación su madre decide enviarlo a Italia bajo el cuidado de un tío que era monje jesuita. Al parecer de esa relación que duró hasta los doce años del joven, brotaría su iniciación en la alquimia.
    Piria se convierte con los años en un ávido comerciante de bienes raíces una vez que regresa a su país natal, comprando grandes extensiones de tierra, dividiéndola en porciones y rematándola con novedosos y estrafalarios métodos para la época, como dar a pagar un solar a 30 años. De esa forma comienza a amasar una fortuna de dinero teniendo menos de tres décadas de vida. A los 29 años, luego de otro viaje a Europa, compra unas 2.700 ha a menos de 100 kilómetros de la capital, entre el cerro Pan de Azúcar y el mar, para fundar la ciudad que posteriormente sería llamada por los periodistas como “Piriápolis”, o ciudad de Piria. Allí construye un castillo como vivienda familiar, y en sus alrededores cultiva olivos, castaños, vides, tabaco, yucas africanas, y cantidad de plantas exóticas. Inicia la extracción de carbón y minerales del cerro, abre un puerto comercial y de pasajeros, y un tren hasta la costa. Todo financiado desde su bolsillo, queriendo crear una ciudad autosuficiente. El hombre y sus métodos parecían venidos del futuro.
    Lotea los terrenos en solares, construyendo plazas y caminos, funda el suntuoso Hotel Argentino, el cuál sería el más grande de América del sur hasta el momento y el Hotel Piria, además de la rambla de corte francés. Cuando la primera ciudad balneario del país está en pleno auge, y tras habitar el castillo durante un año, se muda con su familia, esposa e hijos a la localidad de Ensenada, Argentina. Allí emprende un mega proyecto similar, remodelando esta vez una vieja mansión hasta convertirla en un exuberante palacio cercano al mar. Sin embargo esta vez, al querer construir un camino directo desde Punta Lara hasta La Plata, sin pasar por Ensenada, se encuentra con diversas trabas burocráticas que lo llevarían a abandona el proyecto, tras ser “boludeado” por los políticos de turno. Entonces regresa a su país natal y finaliza donando las, nada menos que 141 hectáreas al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo el trámite tampoco se concreta y con los años, luego de funcionar un tiempo de colonia de vacaciones para niños huérfanos, el palacio cae en la ruina por no tener un sope el municipio de Ensenada para su manutención.

Costanera de Priapolis


    Piria en Uruguay funda el diario La tribuna popular, de mirada socialista en contra de la política oficial, pensamiento que más tarde lo llevaría a postularse como candidato a presidente en el partido, también creado por él, Unión Democrática. Pero en ese asunto también le va flojo, recibiendo muy pocos votos. Escribe varios libros, para plasmar sus ideales, entre ellos “El socialismo triunfante, lo que será mi país en 200 años”. Funda más de setenta barrios en la capital y sus terrenos aledaños, y habita en 1917 un nuevo palacio en Montevideo, que actualmente oficia de Sede de la Corte de Suprema justicia de la nación. Donde finalmente fallece.
    Se esconden varios detalles más acerca de su prontuario de empresario, ideólogo y rematador, pero es de mayor interés en lo personal, la impronta que dejó plasmada en cuanto a la simbología de alquimia en su arquitectura, en sus muebles, esculturas, vitrales, escalinatas y demás objetos que lo rodearon a lo largo de sus ochenta y cuatro años de vida.
    
Castillo de Piria


Piriápolis iba a ser llamada por el mismo Piria con el nombre de Heliópolis. Mitológicamente Heliópolis es la ciudad donde renace el Ave Fénix, símbolo emblemático de la regeneración por el fuego, tema central en la alquimia, a la cual también se la llama la Obra del Sol. El sol está asociado al oro, tanto al material como al oro o “sol interior” que debe ser extraído de entre la escoria para brillar.
    En una vista satelital sobre el Hotel Piria se ve claramente como las alas del edificio dibujan una perfecta H con un círculo sobre el travesaño de la misma. Esta letra también puede ser identificada con Urano, que es el planeta que rige a Acuario, y que es la era astrológica en la cual estaríamos entrando. La misma fue interpretada por los Mayas con la fecha 12 de diciembre de 2012, donde iniciarían grandes cambios. Si se toma un plano de Piriápolis o una fotografía aérea, y se unen con un trazo los diferentes puntos donde se encuentran los principales símbolos alusivos a la alquimia, nos llevaremos la sorpresa de ver que el diseño se corresponde perfectamente con el de la constelación de Acuario.
    Según otros estudios, realizados por el nieto de Piria, entre dicha ciudad, la fuente de la plaza matriz de Montevideo y el obelisco de cinco metros erguido en el departamento de Ribera, con la única inscripción en su base que reza su apellido, se forma un perfecto y gigantesco triángulo. El área abarcada representaría un resguardo frente a futuras catástrofes que podrían ocurrir a nivel mundial.

    Piria estaba más allá del hombre promedio de su época, era un vanguardista, un adelantado y creó una interminable obra que sabiéndola interpretar en base al significado de su simbología, deja a la vista elementos similares a los que construyeron y demostraron diversas culturas ya extintas. El poder que alcanzó económicamente este hombre, además de servir para proveerle lujos y comodidades, sirvió para demostrar que se encontraba en medio de un proyecto aún mayor. Ya que brindó información a través de planos sutiles y a la misma vez descabellados para poner a prueba nuestra propia percepción de la vida y el cosmos. Muchos de los mensajes de su desmesura quedan superficialmente a la vista, y no es necesario rebuscárselas tanto para comprender.
   
    ¿Qué son todos esos símbolos que nos vienen develando tanto simples hombres y mujeres como civilizaciones y culturas enteras? ¿Qué son todas esas megas pirámides ubicadas estratégicamente observando al cielo? ¿Qué son esos menhires, obeliscos y figuras antropomorfas de piedra y barro que se repiten entre pueblos que jamás se vieron el rostro ni hubo manera material de comunicación? ¿Es acaso la telepatía un delirio? ¿Es acaso la dimensión en la cual aparentemente vivimos la única que existe? ¿Hablar de energía, conciencia y conexión elevada es acaso un delirio místico?

    Delante del Hotel Argentino de Piriápolis se encuentran dos figuras conocidas comúnmente como los “leones”. Técnicamente, se trata de grifos, figura mezcla de león y águila, que simboliza el combate entre ambos seres, que finalmente se fusionan en uno solo: el león alado. El león es un símbolo de lo terrenal, lo corporal, lo material, (investigar la concepción andina del puma) mientras que el águila representa lo espiritual, lo elevado, lo que pretendemos alcanzar (investigar la concepción andina del cóndor). Todo en la alquimia apunta al ser humano, por lo tanto este combate materia-espíritu tiene lugar en el hombre mismo, entre sus planos aparentemente irreconciliables. Pero si luego de esa lucha el humano logra el equilibrio, accede a un tercer estado de conciencia. Luego de la pelea, el león pierde la melena, sin embargo gana alas. Esto nos indica que sin perder ni desdeñar el estado físico ahora puede volar por los planos superiores de la conciencia y la realidad.  
    Qué más decir, cuando el conocimiento está apoyado sobre la mesa  al alcance de todos.

Cerro Pan de azúcar











Hacele dedo que es pariente de Tolstoi


Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no desear con exceso lo que no tengo”  León Tolstoi 
El conde Lev Nikoláievich Tolstói, también conocido en tierras criollas como León Tolstói, fue un escritor ruso, considerado hoy en día como uno de los escritores más importantes de la literatura mundial. La vida de este personaje estuvo marcada por grandes y extensos episodios que van afianzando una evolución en su pensamiento y en su comprensión de ideales altruistas.
     Hijo de un noble propietario y una princesa, tras quedar huérfano a temprana edad comenzó a transitar una vida de búsqueda inquietante entre los placeres mundanos y la abnegación hacia los más perjudicados. Con los beneficios sociales que acarreaban en aquella época los títulos aristocráticos, el joven Lev se animó a conocer tanto el mundillo de los ricos, como la oscuridad de la guerra participando en el combate de Sebastopol y la sencillez de la vida en el campo. Cada hecho fue ahondando una huella inquebrantable en su construcción de un mundo más humano e igualitario.
     Luego de experimentar la pesadumbre de la guerra, concibe transitar un camino de paz; abandona la opulenta vida aristocrática por el oficio de zapatero y campesino escritor; rompe pactos con la iglesia ortodoxa y se anima a establecer un centro educativo en su aldea para los hijos de los campesinos con una pedagogía particular, cuyos principios instruyen en el respeto a ellos mismos y a sus semejantes. Decide dejar los lujos atrás para llevar a cabo el desapego a lo material, viviendo austeramente. Eso es lo que se sabe, eso es lo que dicen, o lo que quedo como obra humanitaria de su ser, más allá de lo escrito.
    Lev falleció finalmente en 1910 a los 82 años de edad en Rusia, la nación que lo vio nacer.
Comienzo este texto haciendo referencia a la vida de Lev Tolstoi porque a mediados de febrero del 2016, cien años más tarde de su muerte y en territorio uruguayo, mientras hacíamos dedo con Marita con rumbo a Argentina, se detuvo un automóvil conducido por el bisnieto del legendario escritor. Estábamos en las afueras de la localidad de Nueva Palmira, cerca al Río de la Plata, al sur de Uruguay cuando su automóvil repentinamente se detuvo al ver el dedo alzado. Apareció detrás del vidrio el rostro de un hombre anciano, de cabello descolorido por los años, modales refinados y acento francés. Una grotesca pipa de madera negra como azabache, era sujetada firmemente por sus labios finos y rosáceos. Él se presentó como Sacha, escritor y pescador.
     La verdad es que no supimos quien era hasta que al acomodarme en el asiento trasero, intentando no aplastar ningún libro de todos los que había desparramados sobre el tapizado, observé uno de reojo con el famoso apellido ruso impreso en él. Marita mientras tanto conversaba en el asiento de acompañante con Sacha.

- Disculpe la curiosidad...usted es pariente de León Tolstoi? - me atreví a preguntar.
- Sí, soy su bisnieto - afirmó desinteresadamente el señor. Como el tipo tenía acento francés, era bisnieto de un reconocido escritor ruso y estábamos viajando por Uruguay, comenzamos a bombardearlo de preguntas para atar los cabos sueltos.
    Resulta que Sacha había nacido en Francia, al escaparse su abuelo de Rusia durante la revolución bolchevique y radicar en consecuencia a su familia en Europa. De niño fue enviado  al humilde, lejano y desconocido país latinoamericano de Uruguay para que aprendiera a través del aislamiento geográfico a comportarse, siendo para esa instancia un pre adolescente inquieto y desobediente al estilo aristócrata que debía mantener. Luego de regresar al viejo continente con “la cabeza en orden”, vivió extensos años en París siendo el dueño de la tienda de pesca de mayor prestigio de la nación francesa. Allí conoció a presidentes de diferentes naciones, secretarios de cargo ejecutivo y empresarios de multinacionales, entre otros humildes clientes.
    Tras vender el comercio de pesca a un extravagante precio, se mudo junto a su familia a un aislado campo en las afueras de la capital más romántica del globo. Hasta que un día tras quedar viudo y tener varias décadas de vida a cuestas, tomó la iniciativa de regresar al Uruguay.
    Cómo herencia familiar adoptó la escritura como oficio, publicando más de quince libros, además de incursionar en el mundo de la pesca a través de una revista mensual siendo el director y columnista destacado. Ya que arrojó sus anzuelos en más de sesenta países codeado siempre de gente de su misma calaña, como el hijo de Ernest Hemingway, el abogado íntimo de Bill Clinton, el propietario de la mayor cadena de faenado de pollos de Norteamérica y tantos otros gomelos más. Por tal afición jamás abandonaba a donde iba los elementos indispensables para pescar. En ese preciso momento, sus cañas dividían como si fuera la magia de Moisés, el vehículo en dos.
    Durante dos horas hablamos del mundo, de viajar, de hierbas fumables, de su pasado y de nuestro presente. El viejo era simpático y agradable, y afirmaba que amaba aquello que llamaba "la buena vida". Si bien no estaba en todo de acuerdo con su filosofía de vida aristócrata y sus respectivas consecuencias para el resto del mundo, era un conductor más que interesante para conversar. Sin notarlo, habíamos llegado a una estación de servicio, a doce kilómetros del puente internacional de Fray Bentos - Gualeguaychu. Nuestro viaje junto a él de esa manera finalizaba. A partir de ahí nuestros caminos nuevamente se abrían, Sacha iba a visitar un amigo y nosotros ingresaríamos a nuestro país natal.
    Antes de despedirnos nos obsequió su autobiografía en español, titulada "Como pez en el agua" y nosotros le regalamos un mapa rutero de la nación donde habitaron los Charrúas. Le dimos las gracias y se marchó, llevando consigo un pedazo de una larga historia que no va a morir jamás.




El ángel de la camioneta

Fray Bentos


Noche de otoño, el frío hiela. No hay más abrigo que ponerse, y entre tantos trapos de diversos colores parecemos dos espanta-pájaros de huerta abandonada. Ilumina la radiante luna llena la ruta, mientras avanzamos un poco a pie y otro poco pedaleando. Durante todo el día, las furiosas y gélidas ráfagas de viento nos habían azotado desde la dirección contraria, enfriando la voluntad personal, de llegar aquel día a Paysandú, o a cualquier otro sitio urbanizado. Campos, praderas, cañadas, valles y un cielo cerrado amenazador y nublado.

Neblina matinal


Al nacer el crepúsculo bermejo, el viento calmo sus fuerzas dilatando un atardecer místico entre las praderas rurales del norte de Uruguay. Invadían a mi mente imágenes televisivas grabadas en la infancia de la sabana africana, con árboles de siluetas oscuras y un rojo intenso resplandeciendo en un territorio virgen del contacto humano. Ahora esa misma postal la estaba experimentando minuciosamente desde un recóndito sitio del continente americano, con los mismos párpados húmedos de quien se enfrenta cara a cara a la diosa de la belleza y la fecundidad.

La ruta nacional 26 estaba en pésimas condiciones. Llevábamos recorridos los últimos días alrededor de 150 km de tierra aplanada entrecortada por un asfalto reventado de soportar tantas toneladas de madera y sus consecuentes cráteres lunares de variada profundidad. Una vez entrada la noche y encendido el farol anaranjado de la luna llena, la carretera volvió a iluminarse, como antes había mencionado. El frío recobraba impulso, sin embargo, al estar en movimiento constante no resultaba una gran molestia.



Cuando culminábamos el último momento de cansancio y coronábamos un extenso repecho a pie, se detuvo frenéticamente en nuestro paso una camioneta. De ella descendieron dos siluetas masculinas dirigiéndose a nuestro encuentro:
-Buenas noches gurises!, ¿les puedo ayudar en algo?-, preguntó en tono amistoso el mayor de ellos.
–Estamos bien, avanzando de a poco – afirmó Marita, observando mi estupefacción.
- Los saludamos a la ida con la bocina, y ahora los veníamos pastoreando- afirmó amablemente quien más tarde conoceríamos como Daniel.
- Nuestra idea era llegar a Paysandú y dormir en el camping, pero con tanto viento en contra no pudimos avanzar mucho. ¿Ustedes van para allá?- les preguntó Mari indiscretamente. Ambos cruzaron miradas y no dudaron en ayudarnos a montar las bicicletas en la caja de la camioneta. Cinco minutos más tarde nos encontrábamos inesperadamente viajando junto a Daniel y su hijo Joaquín, rumbo a la capital del departamento.

En la última semana las precipitaciones habían sido nefastas para más de dos mil habitantes de dicha ciudad, que al crecer los barrios a la vera del río Uruguay sus viviendas se encontraban sumergidas bajo el desbordado caudal de agua, y ellos, viviendo en refugios improvisados del Estado. Otras ciudades uruguayas y de la costa del lado argentino se hallaban en similares situaciones de emergencia. Todos implorando de rodillas para que la represa hidroeléctrica de Salto soporte el cúmulo de agua y no estalle su infraestructura por los aires inundando todo a su paso.

Luego de cincuenta kilómetros a cien kilómetros por hora, sentados en la cálida y acolchada butaca de la camioneta, ingresamos a la ciudad de Paysandú. El camping al estar a orillas del río también estaba desaparecido en medio de la sombría oscuridad de la inundación. Entonces, ya sin hogar para habitar esa noche nos invitaron al centro para que cenemos comida rápida los cuatro juntos en un comercio frente a la plaza Artigas. Las luces blancas, la música a todo volumen y las personas abrigadas con vestuario de revista fueron un impacto enorme, luego de estar un mes trabajando en una chacra y varios días pedaleando por una ruta de campaña intensamente desolada, donde vimos más vacas pastando y ovejas esquiladas que personas realizando alguna actividad. Por suerte el local era abierto y se disipaba con facilidad nuestro aroma a humo y sudor que llevábamos arbitrariamente impregnados en el cuerpo. La ropa manchada con ceniza, carbón y tierra era sin dudas una extravagancia en aquel local.

Después de devorar algunas hamburguesas con papas fritas, Daniel con su teléfono móvil nos indicó en un mapa hacia donde se dirigían esa noche, y nos invitaron a ir con ellos. Young era la ciudad donde moraban, y como era hacia el sur y nos ofrecían una ducha caliente y una cama, aceptamos con alegría la excelente oferta. Nos mirábamos con Mari y no podíamos creer que exista en la vida tanta solidaridad y tanta magia cada día.

Kilómetros más adelante entre anécdotas y risas aterrizamos en el hogar familiar de Young. A simple vista el patio parecía una concesionaria de automóviles, entre tantos bienes. Uruguay cultiva eucaliptus a gran escala y produce papel celulosa con su madera. Esta familia es dueña de una empresa que se dedica a dicha producción y transporte. Dinero les sobraba más también las ganas de ayudar a las personas necesitadas y a los que viven viajando.
Clara, la esposa de Daniel,  nos estaba esperando junto a su nieta al calor de la salamandra. Ella se expresaba con la misma sencillez y amabilidad que Joaquín y su padre. Detrás de tantas cosas había seres transparentes sin impedimentos culturales ni personales para ser simplemente humanos. Luego de una olímpica ducha caliente tan esperada y un café amargo, desenchufamos la batería del cuerpo en una cama matrimonial, con el ánimo repuesto y la seguridad de que vaya a donde uno vaya todo va a estar bien, porque sobran los corazones anónimos y nobles detrás de cada frontera.

Al día siguiente después del desayuno, viajamos con Clara y Daniel, hasta el cruce de ruta entre Mercedes y Fray Bentos, yendo nuevamente hacia el sur del país. Antes de despedirnos les dejamos algunas artesanías de recuerdo y ellos algo de dinero. Abrazos, palabras insuficientes para agradecer el inmaculado gesto, y otra vez de trompa a la ruta, a la incertidumbre, a nuestra compartida soledad. Aunque el viento seguía estando en contra, la vida iba a nuestro favor.

Bienvenidos al Uruguay


Después de nueve meses en la ex colonia portuguesa de América del sur, ingresamos con la mente en frío y sin hacer ningún ritual de despedida al Uruguay. Pedaleamos dos días en silencio desde Rosario do Sul, los últimos cien kilómetros brasileros, devorando unas enormes naranjas que un vendedor nos regaló en el camino, hasta las dos ciudades fronterizas, Rivera y Santa Ana de Livramento. Ambas están unidas, siendo una simbiotica metrópolis bilingüe y desde la plaza principal al virar la mirada hacia un costado todo está escrito en español y al hacerlo en la dirección contraria muda al portugués. Y no sólo como acostumbra acontecer en zonas divisorias se unen dos culturas, sino que también caminan por las avenidas comerciales árabes, personas de algún país africano vendiendo mercaderías, turistas extranjeros, buscavidas, mendigos ambulantes, y cuanta cosa rara ocurren detrás del telón de un teatro fronterizo. Puestos de panchos a tres reales la unidad abundan en cada rincón que les permiten las veredas angostas, que se abultan de transeúntes buscadores de buenos precios, y de contrabandistas. 




En aquellas dos ciudades el gran Brasil y su cultura del sur, altamente europea, acaba. No más salones de belleza a granel, no más gimnasios o academias, ni barberías con estilo retro, ni calles limpias, nuevas y ordenadas. De ahí en adelante la cultura predominante es más relajada. Con las caras de las empleadas de comercio sin maquillaje; con físicos femeninos y masculinos más naturales; con asfaltos reventados de tanto uso; con ranchitos rurales sencillos y hasta descuidados; con sus manchas de aceite de carro viejo y desvencijado; con los pibes fumándose un porrito en la plaza sin molestar a nadie y sin que nadie los moleste; con sus carruajes tirados a caballo; con sus perros vagabundos disfrutando de una buena siesta al rayo de sol; con esas tamboreadas espontáneas estibando espíritus africanos; con el sanguchito de almuerzo al aire libre; con la pasta frola, el dulce de batata y el boniato en cada boliche. Esa enorme cultura de vino tinto en damajuana, termo bajo el brazo y mate en la mano más hábil, me da nostalgia. Despertando abundantes imágenes de mi infancia pampeana al sur de la provincia de Buenos Aires. Y eso me traslada en un vuelo temporal involuntario a mis raíces. No soy uruguayo, pero sus costumbres y paisaje me resultan familiares.

Brindo sin copa de vidrio ni contenido en ella por la simpleza de un país atado magistralmente con alambre y por estar cada vez más cerca de visitar una vez más a mi familia de sangre. 


Huerta Tierra Viva

“Parece lógico que cuando una élite mundial, cuya mayoría está formada por hombres, establece un orden mundial excluyente de las mayorías, y dicta leyes depredadoras de una crueldad inaudita, parece lógico repito, que entonces sean mujeres las que encabecen la resistencia…” 

Gonzalo Abella, Uruguay


Pozo hondo


En cercanía a las tierras arenosas bañadas por el arroyo Jabonería de Valle Edén, hay una bella mujer sembrando la esperanza utópica de vivir y alimentarse de lo que le da la tierra. Y claro que hablar de utopía es un concepto errado en sí, ya que esos mismos brotes están constantemente creciendo por los recovecos aislados del cemento y el ruido de la civilización de forma ancestral, y también en huertas urbanas. 

    En su quinta década de vida, alrededor del año 2010, Mabel comenzó a acoger voluntarios foráneos y locales en las tierras donde habita para expandir el sueño de cultivar sus propios alimentos. Las puertas quedaron abiertas entonces, y las voces llegaron lejos, como vuelo de águila hasta el oído de quienes estaban de paso y dispuestos a aprender trabajando. Así se erguieron postes de eucalipto para la construcción del invernáculo; ardieron en el fogón troncos de coronilla y aruera; la tierra fue carpida con sudor y esfuerzo; y brotaron las semillas orgánicas de los almácigos de papel de diario. Con las habilidades del pájaro hornero, utilizando paja, madera y barro, surgieron de los planos mentales de Cleber el banco de semillas y el refugio – biblioteca. La tierra fértil fue reforzada con el abono y la alegría de los contribuyentes que trabajaron a cambio del plato de comida y la posibilidad de aprender a cultivar sanamente el suelo. Sin agrotóxicos, fertilizantes químicos ni tanta parafernalia.
    Mabel madruga para amasar panes y pasteles, y amansar los corazones de sus visitantes, con su sencilla vida de campo en un valle de chirca y carqueja.



Semillas orgánicas

Construcción natural


En Valle Edén se escucha el agua cristalina galopando sobre las cañadas verdes con su melodía constante, iluminada por el resplandor de las estrellas pulcras de smog. Y la verdad es que allí no hay nada, para quien no ve más que leña cuando entra al bosque. El pueblo es chiquito como oreja de lagartija. Apenas viven allí un puñado de familias. Valle Edén es campo, monte y silencio. Posee pocas viviendas, y da la sensación que todos son parientes. Para el turista que busca pernoctar allí hay una sola posada… y también un solo policía.
    Sin embargo, para el que se deslumbra con un crepúsculo de sierra y busca el reencuentro con los espíritus del monte, Valle Edén es sinónimo de aquel paraíso perdido bíblico, donde el manto florece y las aves despliegan libres su belleza en simbiosis simétrica con el firmamento inalcanzable. Basta con visitar la vertiginosa caída de agua del Pozo hondo para confirmar la fuerza y la perfección de la naturaleza.
   

    Mabel cada fin de semana abre su puesto en el camping municipal para ofrecer sus productos gastronómicos artesanales y otros víveres industriales a los visitantes. Tal ingreso económico sirve para comprar en Tacuarembó, la capital del Departamento, lo que la huerta no produce (aceite, fideos, arroz, lentejas, avena, etc.). Al parecer según ciertos testimonios escritos, nació en estas tierras el zorzal criollo, también conocido con el nombre de Carlos Gardel. Quién más tarde se mudaría junto a su familia a Argentina y abriría un nuevo capítulo en la historia de la música universal con sus gloriosos tangos. El museo con tales pruebas gigantografiadas de su acta de nacimiento se encuentra en frente de la ex estación ferroviaria del pueblo. Al parecer “lindos valles tiene Bolivia y Gardel dicen que es del Uruguay”, cantó el Pity Alvarez.

    Mabel es la fuerza femenina del alarido que no se calla, del amor sin prejuicios y de la energía comunitaria. Y ese ruido es fecundo cuando revientan las cadenas de la opresión y la mujer libera su sonrisa de frente al sol. Porque cuando ella se gobierna a sí misma, no hay sombra que cubra su ser, ni herida que le desgarre el alma. Mujer madre, mujer sabia, mujer guerrera. Mujeres libres de las voces que les gritan que el hombre es superior, y que calladas son más bonitas. Como canta el rock murguero rioplatense: “No hay peor delito que dejarse basurear”.
    Mabel es fuerza, confianza y coraje. Y si creen que son especulaciones de un viajero, véanla con la espalda encorvada y con dificultad de caminar por tener la columna torcida, carpiendo la tierra antes de que todos despierten. Trabajando solita, habiéndole brindado antes, el desayuno a su propia madre. Y ella sonríe viviendo con las puertas de su hogar abiertas porque ha parido a más de mil hijos que la ayudan y siempre la acompañan.
   
    Un mes fue el tiempo compartido y trabajado en esas tierras. Un mes bien vivido y bien aprendido, porque cultivar la tierra en épocas de supermercado, cultivos transgénicos y mega minería a cielo abierto es la mayor revolución. Sin ánimos de desacreditar otro tipo de resistencias y luchas, que bien sabemos son todas necesarias para purgar los males que acongojan a nuestra alma y a nuestra sociedad.