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Te necesito despierto




Te necesito despierta, 

para que no agaches la cabeza 
y obedezcas un orden nefasto 
que beneficia a unos pocos habitantes;


Te necesito despierto

 para que no mires con recelo el calendario
 pensando que las agujas del reloj te pinchan los ojos
 y las horas no te alcanzan para hacer lo que más te gusta;

Te necesito despierta
para que hoy bailemos embriagados
de locura líquida y trasparente e ideas retorcidas 
en un ritual pagano de poesía y letras, 
multiplicando la fuerza de la resaca.


Te necesito despierto

con la mente inquieta y el corazón abierto
dispuesto a vivir nuevas experiencias
que nutran y expandan los parámetros de tu sagrado espíritu, 
y se desprenda del rostro de cada lunes, cada madrugada y cada día, 
la más bella sonrisa, 
alegre de estar experimentando de a instantes la vida.


Te necesito despierta

para que dudes y reflexiones acerca de tus propias tradiciones, 
porque quizás sólo sean el producto del capricho 
de quién busca aplastar tu cabeza.


Te necesito despierto y activo

para que gritemos en la calle nuestras demandas
 y exorcicemos la rabia en una marcha de reclamo
 por la dignidad, el respeto y la justicia.

Te necesito despierta
 para que esta noche nuestros pitos y nuestras conchas se besen y se abracen
 en un orgasmo de placer eterno y evitemos el efímero y superfluo encuentro
 que nos arrastra al ocaso del olvido.

Te necesito despierto
con tus manos colmadas de esperanza
para que sembremos un futuro mejor en la Tierra Santa
 que nos brinda cobijo 
adonde nuestra alma vaya.

Te necesito despierta
cada día y a cada hora
 porque me es imprescindible tu brillante sonrisa compañera
 en la oscuridad de la arbitraria ignorancia.

Te necesito despierto
para inundarme de tu belleza
 en medio de las miradas esquivas e indiferentes.

Te necesito despierta
para que juntos silenciemos el sonido opaco de las botas negras, 
perfumemos el hediondo olor a pólvora cobarde 
y rompamos en mil pedazos la posibilidad
de que haya más muertos y desaparecidos
durante las supuestas democracias.

Te necesito despierto
para que comprendas que la condición natural de las aves
es la libertad del cielo y no el cautiverio fúnebre
de las jaulas domesticas
de terraza, patio y balcón.

Te necesito despierta 
para que recuerdes que al productor familiar y al cosechero
de las verduras que exponen en los comercios
los explotan unas pocas empresas
que se llevan las grandes ganancias
sin hacer demasiado esfuerzo.

Te necesito despierta
y erguida delante de tus ideales humanos
harta de soportar las justificaciones estúpidas
que le dan vida a la guerra, a la pobreza y a la desigualdad de género.

Te necesito despierto 
en la vulnerable situación de quién se enfrenta al miedo
 procurando en consecuencia algo mejor.

Te necesito, sabés bien que te necesito
porque sin el otro no somos nada.




Salir del agujero

Nos vimos rotos,
 disueltos,
y pulverizados
 bajo el martillazo de la conformidad.
Teníamos esos granos despeinados
y medio millón de puteadas 
para pintar y gritarle al viento 
de la Gran Institución.

Mamá y papá hablaban en otro idioma,
mientras la música daba a luz 
la danza marginal
y las melodías que suenan en la caída
del muro conservador.

Teníamos que salir del agujero
quemar el código de barras de la nuca,
ser infinitos
y dulces como el pólen.

Teníamos que fertilizar la tierra con nuevas ideas
y embarazar a todos los animales en peligro de extinción.

Teníamos que madurar la palta en menos de una semana
y abandonar para siempre las escaleras mecánicas,
las tarjetas de crédito,
y el motor.

Estábamos en el abismo,
a punto de tomar el sedante que cura la transgresión,
nos estábamos durmiendo en la cama de la inercia,
presionando el piloto automático,
pero algo nos desperto,
un sórdido alarido,
el grito salvaje de la intuición.

No seas cobarde mi hijx,
debes conocer el dolor antes que el alivio,
debes conocer el hambre para buscar alimento,
debes conocer tu ignorancia para saber que no sabes nada.

Sentate en el trono de madera que
hoy es tu día, 
hoy le dimos otra vuelta al sol,
hoy sonreímos como ninfas en el bosque,
hoy podemos beber vino tinto en barril de fibrofácil, 
hoy nos masturbamos de risa,
hoy el miedo transmuta en coraje,
hoy la noche se vuelve día,
hoy el respeto es nuestra moneda corriente,
hoy renunciaste a usar corpiño,
hoy no te depilas más,
hoy las arvejas están de oferta en el chino,
hoy el hombre deja de mirar culos para observarse a sí mismo,
hoy el agua vale más que el oro,
hoy te encontraste un frasco de flores en la calle,
hoy se respiran buenos aires en la capital,
hoy te amo por tener la valentía de ser lo que sos,
hoy están de paro los corruptos,
hoy hablo y me chupa un huevo bien frito no tener la razón,
hoy la sangre está que arde,
hoy el amor está de oferta y es gratis,
hoy goleamos 4 a 1 a la muerte,
hoy desnudo y maquillo con poesía mi corazón.


Aprobecha el día mi hij@,
que mañana quizás no.

Se me estaba haciendo de noche

Voces en mí

Quería escuchar esa voz que me susurra las melodías del viento y me desmaya en la calma; 
esa voz que me invita a tomar helados de crema del cielo y dulce de arco iris; 
esa voz ronca con textura de noche rota y sonrisa de medio día por venir; 
esa voz que me acompaña cuando estoy sólo entre muchos; 
esa voz que me toca el culo y me dice que soy la princesa de un planeta sin tierra...

Sólo ella me vuela la peluca, 
me despeina el bigote 
e incinera la razón del pensamiento inoportuno. 

Esa voz aplaude a los que aplauden sin chocar las manos 
y a los que bailan sin escuchar música. 
Esa voz ríe y llora caminando por las calles que no la llevan a ningún lado, 
porque flota libremente en el aire que emiten todas las almas sensibles.

Ella es un perfume que cuando quiere se vuelve canción.


Av. Corrientes desde el 10mo psio del teatro San Martín

Debajo de las baldosas y detrás de los vidrios

Aprendí a tomar el tren de Temperley a Constitución a mis 28 años de edad;
a ser un cordero más del rebaño citadino que se aglomera en la estación a esperar su vuelo;
a ser una lombriz vestida con ropa ciudadana para transitar debajo de la tierra.
Aprendí a pedalear con la agilidad de un espermatozoide por las grandes avenidas
del corazón contaminado de la República Argentina.

Aprendí a irme a la capital con mis bártulos e ilusiones en los bolsillos de una mochila;
a recitarle poesía a la gente solitaria o acompañada en los parques, en las plazas, en el obelisco; 
Aprendí a ofrecer milanesas y panes rellenos en los recitales de rock, 
cuando no me corrió la gorra por infligir una ley del código civil
que ni ellos recuerdan a quién beneficia;
Aprendí a tirar el paño en la calle y laburar en diversas ferias con mis artesanías,
esperando a que alguien comprenda la diferencia
entre lo hecho a mano y la nefasta producción china.

Aprendí a interactuar todos los días con diferentes personas,
para intercambiar ideas y regurgitarles en prosa 
reflexiones, creencias y delirios.

Aprendí a contar billetes chicos, 
a ver innumerables personas durmiendo de día en la vía pública; 
a oír el sofisticado himno comercial de los vendedores ambulantes cada 2 minutos;
a sentir aroma a paty y choripan asado en el cordón cuneta...
cunita, para los borrachos que no llegaron a ningun lado
y abandonaron su cuerpo en la vereda.

Aprendí a perderme en este desmesurado laberinto;
a comprender que sus habitantes nacieron
debajo de las baldosas y detrás de las rejas y los vidrios,
Aprendí que muchas infancias transcurrieron dentro de las jaulas amuebladas de los edificios, 
o en infinitos barrios, de viviendas tan homogéneas que al momento de nacer 
se les disolvió la identidad.

Aprendí a caminar corriendo,
a escuchar las puteadas de los tacheros a los ciclistas.
Aprendí a notar como conversan los más humildes cara a cara, 
mientras el resto se comunica con su aparato electrónico con alguien que allí... no está.

En fin, aprendí a darme cuenta que acá no soy el único perdido.











Violeta

Puerto Madryn - Argentina


Definitivamente están locos.
Y sino, vos decime,
 ¿cómo es que se pueden reír tanto?
¿Cómo hacen?
Explícamelo,
si solo es un color,
el violeta.

Si hablo del color violeta y lo sabés.
No se ríen del rojo ni del amarillo.
Jamás escuché a nadie criticar de la misma manera al color verde.
Algo tienen, algo en particular, que de cierta forma les incomoda.
¿Vos te diste cuenta de eso? ¿Viste la cara que ponen cuando lo ven?
Y lo peor es que lo hacen sin darse cuenta. 
Porque en verdad no lo comprenden.
No saben de qué se trata verdaderamente el color violeta.
Lo miran desde todas las perspectivas,
pero no lo comprenden,
porque no lo ven con los ojos del corazón.
Entonces claro, sienten vergüenza.
Una leve molestia.
Es como una puntada en la boca del estómago.
Y se ríen, como te decía, lo critican.
¡Qué insensatos!

Vos decime, ¿ellos qué sabrán del color violeta? 
Nada saben, o nada quieren saber.
Lo más absurdo de todo, 
es que lo llevan tatuado como un estigma,
sin darse cuenta.
Yo lo veo. 
El violeta lo siento latente en ellos,
pero lo tienen amarrado, escondido.
No lo sueltan, ni lo quieren dejar ver.
¡Cuanta hipocresía!
Lo esconden los muy bestias.

Si no se sienten reconocidos con un color, 
es por supuesto con el color violeta.
Que absurdo pienso yo, 
si es un color hermoso.
Con el violeta podés hablar de todo,
podés representar todo.
Hacer de todo.
Es magia pura ese color.
Mi padre me lo repetía cuando era niño,
para que nunca lo olvide:

"Todos llevamos un color dentro nuestro, 
en nuestra parte más íntima.
Es con el que juegan y se expresan los artistas.
Nunca te olvides hijo de reconocer
en ti mismo
al color violeta".

Alimenta tu alma



Lee poesía, alimenta tu alma.
Disfruta la naturaleza, alimenta tu alma.
Contempla la vida, alimenta tu alma.
Medita en silencio, alimenta tu alma,

que el chori y la coca,
los noticieros
y las telenovelas
en materia espiritual,
no te aportan un carajo.



Canto mi canción

Observaba detenidamente la secuencia en la cual estaba involucrado y esto es lo que veía: en cada mano sostenía una gorra azul pardo con la insignia "Amapola del 66" y bajo mis pies descansaba una mochila apoyada sobre las baldosas sucias de la Avenida del Libertador con cuatro gorras más encima; mientras que a mi lado Marita aguardaba sosegadamente con un enorme cesto de mimbre afirmado sobre un banquito plegable, a que los oyentes de una legendaria banda de rock argentino invirtieran su dinero en un pan relleno. Tan solo una semana atrás estábamos al estilo pancho carioca pedaleando por la mansedumbre del Uruguay, y ahora nos encontrábamos en un barrio bajo de la capital argentina, un lunes helado de otoño, intentando vender deliciosos panes rellenos hechos por nosotros mismos, y las gorras que un despistado me ofreció esa misma tarde para revender. La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.


"Hay pan relleno, hay pancito rellenoooo". Divididos aún no tocaba, entonces comenzamos a cantar nuestra canción mercantilista sin tanta poesía ni metáfora existencial, mientras la gente deambulaba acondicionándose para el pogo, degustando alcohóles fríos e inhalando humo cannábico en pequeños grupos. Hombrecitos caricaturescos con bolsas plásticas reforzadas y mochilas colmadas hasta las tetas, ofrecían cerveza en lata entre el chamuyo elegante y la frase monocromática. Iban de acá para allá sugestionando, como si fueran una publicidad ambulante, a la gente para que se alcoholice  y pertenezca de esa forma, a la religión del Rock Nacional. Así iniciaba en aquella esquina la previa a un ritual de descarga, unión y reviente para ahuyentar a los espíritus de la rutina.

¿Era necesario atestar el cáliz de la libertad con cerveza y fumar exasperadamente para olvidar los barrotes de la celda laboral? Quién sabe, yo en algún momento de mi vida creí precisar la misma receta para una enfermedad similar, hasta que me rescaté al creer de verdad que podía ser libre de mis propios demonios y los fantasmas del exterior, sin consumir nada, pero haciendo lo que tanto soñaba.

¡¡Pan rellenooo, hay pan rellenooo!! Nueve de la noche. Acaecia un frío tan polar que imaginaba estar rodeado de pingüinos de magallanes en vez de gente. De pronto entre venta y venta una pareja de lobos marinos, pararon a conversar. Estaban ahí porque a su hijo, un lobito de diez años, le habían obsequiado una entrada para el recital. Ellos, rockeros de la vieja escuela con más de cinco décadas a cuestas, eran de Banfield, y se ofrecían a llevarnos cuando la música acabara hasta Temperley, de onda, de buen corazón, en su Renault 12 amarillo y descascarado. Y mira que hay millones de animales conviviendo en esa loca jungla de cemento; y mira que los noticieros no hablan más que de historias macabras de ratas y serpientes suburbanas; y mira que la gente anda estresada, con miedo y poco tiempo; y mira que en Argentina como de costumbre no hay un mango y dicen que se esta perdiendo la solidaridad; y mira que los traficantes que gobiernan te dicen que la marihuana es una droga y su comercio es ilegal; y mira que a la mentira te la venden como verdad.

¿Será  que como a mí todo eso no me importa o  no lo creo, me pasan las lindas cosas que me pasan y hallo que hay más gente buena que mala? ¿ Serán nuestros prejuicios los causantes de un mundo tan estrecho? 
Si te morfas el cuento de que el mundo es peligroso no te dan ganas ni de cruzar la calle, se achica la percepción de la realidad, y uno nunca se va a dar cuenta que quienes ejercen la prohibición consumen el fruto prohibido, hipócritamente y a escondidas, y las noticias buenas abundan aunque en los medios de comunicación rara vez sean transmitidas. 

¡¡Pan rellenooo, hay rico pan rellenooo!! Gritamos hasta casi entrada la medianoche, con los músculos ya entumecidos de tantas horas a la intemperie del frío. La gente continuaba bebiendo cerveza helada para anestesiar las estructuras mentales y extender indefinidamente su carnaval. Nos quedaban algunos panes en la canasta, pero fue más que suficiente; todos arriba del auto para encarar el camino a casa. Entre anécdotas de borracheras salvajes, los lobos reían a carcajadas. Ir a ver una banda era parte de su pagana religión. Y a mi ya no me pinta cantar esa canción. ¿Será que la grite tanto que ahora prefiero escuchar el silencio de una galaxia que no esté tan distante? ¿Será porque me animé a escribir y cantar mi propia canción? Puede ser cualquiera de las dos. 

Nos dejaron en casa, en la puerta de la casa de la hermana de Mari. Bondad al extremo. Les brindamos unos panes para que mastiquen algo en el camino y les dimos unas eternas gracias. Esa noche heló, pero el corazón de estas almas embriagadas de cariño estaba calentito, como pan relleno recién salido del horno.


La ciudad de la furia